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Cultura y Arte 6 min read 1h ago

El mito de los Pérez en las Shetland

  • El Gran Grifón, buque de la Armada Invencible, naufragó en Fair Isle en 1588 y unos 50 de sus 300 supervivientes murieron de hambre o enfermedad; la leyenda de que dejaron
  • La escritora Ann Cleeves se inspiró en esa leyenda para crear al detective Jimmy Pérez, protagonista de una serie de novelas adaptada por la BBC, aunque en la realidad no existe
  • Las Shetland poseen los mayores yacimientos petrolíferos del Reino Unido y un fondo soberano de casi mil millones de euros, pero la posible explotación del campo de Rosebank —con
El mito de los Pérez en las Shetland
El mito de los Pérez en las Shetland

Cuando los visitantes de tez morena y cabello oscuro abandonan el pub de la Mounthooly Street de Lerwick, los lugareños intercambian miradas cargadas de sugestión. La pregunta no dicha flota en el aire: ¿serán acaso descendientes de los trescientos marineros y soldados españoles que en 1588 sobrevivieron al naufragio de El Gran Grifón, buque de suministro de la Armada Invencible, en las islas Shetland? La respuesta, según los registros disponibles, es no —pero la leyenda ha demostrado ser más resistente que cualquier evidencia.

Un naufragio, una leyenda sin pruebas

El Gran Grifón fue arrastrado por tormentas y vientos del sur hacia Fair Isle —una isla remota situada entre las Shetland y las Orcadas— y se estrelló contra sus acantilados mientras huía de la flota del capitán Drake, tras el desastre de la batalla de las Gravelinas. De los trescientos supervivientes que alcanzaron tierra firme aferrándose a los mástiles de la urca hundida, en torno a medio centenar falleció de hambre o enfermedad. Sus restos descansan en un pequeño cementerio junto a una cruz de hierro. El mito de que algunos de aquellos españoles se mezclaron con la población local durante su estancia de aproximadamente dos meses está, sin embargo, ampliamente desmentido: entre los 23.000 habitantes actuales del archipiélago no figura ningún López, García, Fernández ni Martínez, y no existe fundamento genealógico ni de ADN que respalde la leyenda.

Uno de los náufragos lo dejó escrito en su diario con una crudeza que el tiempo no ha borrado: "En Fair Isle, muertos de miedo, de frío y de hambre, encontramos una población de diecisiete hogares muy pobres y sucios, casi salvajes, que vivían en una especie de cabañas, no tenían más que pan de cebada y comían sobre todo pescado." Los isleños, que apenas tenían para alimentarse a sí mismos, difícilmente podían ser anfitriones generosos. Fue el propietario de la isla, un tal Andrew Umphray, quien organizó el rescate de los supervivientes e invitó al capitán Juan Gómez de Medina a su residencia en las Shetland, mientras el resto de la tripulación era trasladado a las Orcadas.

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La leyenda no es del todo descabellada si se mira al archipiélago vecino: en las Orcadas sí consta que algunos marineros españoles echaron raíces, y sus descendientes son conocidos como los Westray Dons. Pero en las Shetland, el rastro español se agota en los muertos del cementerio de Fair Isle y en la fascinación que los naufragios han ejercido históricamente sobre la imaginación colectiva.

Ficción y realidad: el detective Jimmy Pérez

La escritora Ann Cleeves supo ver en esa tensión entre leyenda y realidad el germen de un personaje literario extraordinario. Buscando a alguien que fuera local pero se sintiera forastero al mismo tiempo, creó al detective Jimmy Pérez, protagonista de una serie de novelas posteriormente adaptada para la televisión por la BBC, con el actor Douglas Henshall en el papel principal. La ficción, en este caso, es más hospitalaria con la hispanidad que la realidad: las Shetland registran una delincuencia muy escasa, y los crímenes horrendos que centran cada episodio de la serie no tienen reflejo en la vida cotidiana del archipiélago. El apellido Pérez, como los demás apellidos españoles, es una ausencia en el censo insular. La conexión entre la tradición literaria criminal y la identidad de un territorio también puede rastrearse en otras latitudes, como ocurre con las novelas de Yorkshire que fundaron un género propio en el norte de Inglaterra.

Un archipiélago en un limbo identitario y energético

Las Shetland, más cercanas geográficamente a Noruega que a Escocia, llegaron a manos británicas por una hipoteca medieval: el rey Christian I las empeñó en el siglo XV al rey escocés Jacobo III como garantía de la dote de su hija Margarita, valorada en sesenta mil florines. Al no poder saldar la deuda, el parlamento escocés las anexionó en 1472. Aquel origen inusual alimenta hoy una identidad suspendida entre lo escandinavo y lo escocés, con una población que no reclama la independencia del Reino Unido pero sí una mayor autonomía —al estilo de las Feroe o la isla de Man— y una porción más amplia de su propia riqueza.

Y riqueza no les falta. Las Shetland albergan los mayores yacimientos petrolíferos del Reino Unido y capturan más pesca que toda Inglaterra y Gales juntos. El descubrimiento de petróleo en el Mar del Norte hace medio siglo transformó por completo al archipiélago: de comunidad pesquera a capital energética del país. El Consejo de las Shetland, dominado por políticos independientes, negoció con Londres quedarse con el 2,5% de los beneficios del crudo y destinó ese dinero a un fondo soberano al estilo noruego —aunque de menor escala— que hoy vale cerca de mil millones de euros. El resultado es una infraestructura de bienestar llamativa: baños públicos con duchas dignas de hotel de cinco estrellas en la Commercial Street de Lerwick, conductores de autobús con salarios de 70.000 euros anuales, carreteras impecables hasta las aldeas más remotas, piscinas climatizadas en cada pueblo y escuelas que funcionan con uno o dos alumnos.

Sin embargo, el presupuesto asignado por Edimburgo se reduce progresivamente, obligando al archipiélago a tirar del fondo del petróleo para sostener sus servicios. La gran incógnita del momento es si se explotará el yacimiento de Rosebank, a 120 kilómetros al noroeste de las islas, con una producción potencial de 500 millones de barriles. La licencia fue concedida por el gobierno anterior, pero grupos medioambientales se oponen al proyecto. La decisión recae ahora sobre el primer ministro británico Andy Burnham, quien se ha fijado como objetivo reducir el coste de la vida en el país. La tensión entre modernidad y tradición que atraviesa Escocia y sus islas no encuentra en Rosebank una resolución sencilla: cualquier respuesta tendrá consecuencias económicas, ambientales e identitarias para un archipiélago que lleva siglos navegando entre varios mundos a la vez.

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