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Cultura y Arte 3 min read 50m ago

Por qué nos obsesionan los áticos

  • La película 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (Almodóvar, 1988) abre con una escena que sintetiza el ático como refugio íntimo y símbolo de salvación frente al mundo
  • La Comunidad de Madrid adquirió un ático de lujo en Chamberí que fue posteriormente puesto a la venta en medio de sospechas e interrogantes sin resolver.
  • El análisis sostiene que los responsables del caso del ático acumulan giros argumentales que superarían incluso a un guion almodovariano, y advierte de que pueden producirse más
Por qué nos obsesionan los áticos
Por qué nos obsesionan los áticos

Hay una escena inaugural que lo resume todo: la voz en off de Pepa Marcos, el personaje que Carmen Maura encarna en Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988), confiesa haberse mudado a un ático como quien busca refugio ante un mundo exterior que se hunde. Ese gesto cinematográfico condensa con precisión las connotaciones que, desde hace décadas, rodean a este tipo de vivienda: elevación sobre el caos, intimidad conquistada, salvación privada. La ficción, sin embargo, raramente alcanza la densidad dramática que la realidad es capaz de generar.

El ático como escenario político y mediático

El caso del ático de lujo adquirido por la Comunidad de Madrid en el barrio madrileño de Chamberí ha concentrado una acumulación de giros argumentales que, según el texto de partida, ni un guion almodovariano podría reunir con tanta naturalidad. El inmueble fue adquirido por la administración regional y posteriormente puesto a la venta en medio de sospechas e interrogantes que, por el momento, permanecen sin respuesta. Los responsables del caso, señala el análisis, no parecen ser precisamente maestros del orden narrativo, aunque sí, se deduce, devotos del aura aspiracional que proyectan estas propiedades.

La conexión entre la trama política y el imaginario cultural no resulta forzada. En la misma película de Almodóvar, el agente inmobiliario interpretado por Agustín Almodóvar tranquiliza a Pepa con una promesa que suena a especulación inmobiliaria destilada: "No se preocupe, que le vamos a sacar un buen dinero". La protagonista había decidido poner el ático en alquiler poco después de adquirirlo, en un eco —involuntario o no— de ciertos comportamientos que el debate público actual ha vuelto a colocar bajo el foco.

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Un símbolo construido sobre capas

El ático encarna, según el material analizado, una doble promesa: la del refugio íntimo que se eleva sobre la adversidad y la del activo aspiracional que confiere estatus. Esa dualidad —espacio de salvación personal y mercancía de prestigio— es la que convierte a estos inmuebles en protagonistas recurrentes tanto de la ficción como de los escándalos políticos. La polémica en torno al ático de Chamberí, con sus sucesivos intentos de cierre y sus dudas aún abiertas, ilustra con claridad que la fascinación colectiva por estas propiedades no es únicamente estética ni sentimental: tiene consecuencias políticas y económicas concretas, y el debate dista de estar cerrado.

Que todavía sea "pronto para afirmar que no habrá más" giros en el caso, como señala el análisis, apunta a que el ático de Chamberí seguirá ocupando espacio en la agenda pública. Mientras tanto, la pregunta cultural de fondo permanece vigente: en una sociedad donde la vivienda es un bien cada vez más inaccesible, el ático condensa como ningún otro inmueble la tensión entre el deseo colectivo y la acumulación privada.

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