Red Riding: cómo nació el clásico criminal de Yorkshire
- En 2006, el productor Andrew Eaton encargó la adaptación televisiva de la tetralogía de novelas de David Peace, cuya primera entrega se titula 1974.", "La serie Red Riding se
- Los decorados grises y deliberadamente sórdidos de la producción generaron quejas entre vecinos de Yorkshire, que pedían ambientaciones más agradables.
En 2006, el productor Andrew Eaton le tendió a un guionista que entonces colaboraba con Michael Winterbottom un encargo tan atractivo como perturbador: adaptar la tetralogía de novelas que el escritor David Peace había construido en torno a la Yorkshire más violenta y corrupta. El resultado fue Red Riding, una serie que algunos han llegado a situar por encima de El Padrino, aunque esa comparación no procede de una fuente identificada en el material disponible.
"Carne dura, llena de ira e injusticia"
El guionista —cuyo nombre no aparece en el fragmento publicado— recuerda haber leído la primera entrega, titulada 1974, con una mezcla de atracción y rechazo. "Era carne dura, llena de ira e injusticia", señala. Las novelas de Peace están ancladas en hechos reales, en particular los casos de Peter Sutcliffe y Stefan Kiszko, aunque los ficcionalizan y estilizan hasta convertirlos en algo más cercano a la fábula moral que al reportaje. El propio autor definió su obra como "ficción arrancada de los hechos".
Una Yorkshire sin florituras
La recreación visual de la época no buscó condescendencia alguna con el territorio. Los decorados incluían coches quemados y carritos de supermercado volcados, elementos que incomodaron a algunos vecinos de la zona. "Los locales preguntaban si no podíamos poner un bonito arreglo floral", recuerda el guionista. La serie nunca pretendió ser un reclamo turístico para la región; su propósito era, al contrario, exponer sin adornos una época de brutalidad institucional y fracaso moral.
Realidad y estilo como tensión narrativa
La dificultad central del proyecto residía precisamente en ese equilibrio que Peace había hallado en la página impresa: mantener la raíz histórica —los crímenes de Sutcliffe, el caso Kiszko— sin reducir la narración a un docudrama convencional. La adaptación televisiva heredó esa tensión, optando por un tratamiento estilizado que, según quienes participaron en su realización, era inseparable del material de origen. El resultado permanece como uno de los retratos más duros del norte de Inglaterra en la pantalla británica.
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