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Sociedad 5 min read 4h ago · Updated 25 de agosto de 2026 a las 00:39 UTC

El ajedrez resurge como contrapeso al pensamiento superficial

  • Chess.com supera los 250 millones de cuentas y la FIDE agrupa a 203 federaciones nacionales, solo por detrás de los organismos rectores del fútbol, el atletismo y el baloncesto.
  • Existe evidencia científica sólida de que el ajedrez desarrolla la inteligencia cognitiva y emocional y puede retardar la aparición del alzhéimer, según la investigación acumulada.
  • España lidera en Europa la introducción del ajedrez como herramienta educativa y terapéutica, tras una resolución unánime del Congreso aprobada en febrero de 2015.
El ajedrez resurge como contrapeso al pensamiento superficial
El ajedrez resurge como contrapeso al pensamiento superficial

En una época en que el vídeo de treinta segundos ya parece demasiado largo para muchos, el ajedrez no solo sobrevive: florece. La paradoja es tan llamativa como documentada. Chess.com supera los 250 millones de cuentas registradas, y si se suman plataformas como Lichess y Play Chess, decenas de millones de personas disputan al menos una partida al mes. La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) agrupa a 203 federaciones nacionales, una cifra que solo superan los organismos rectores del fútbol, el atletismo y el baloncesto.

Un juego de quince siglos que no envejece

La historia documentada del ajedrez se extiende a lo largo de quince siglos. Nacido en la India en el siglo VI, viajó a través de Persia hasta la corte de Bagdad en el VII y llegó a al-Ándalus en el VIII, desde donde se extendió rápidamente por la Península Ibérica. El rey Alfonso X de Castilla dejó constancia de su alcance social en el Libro del ajedrez, dados y tablas (1283), donde afirmaba que lo practicaban musulmanes, judíos y cristianos, hombres, mujeres y niños por igual. Alrededor de 1475, probablemente en Valencia, la dama se convirtió en la pieza más poderosa del tablero, y España exportó esa versión moderna al resto de Europa y a América. El clérigo Ruy López, patrocinado por Felipe II, es reconocido como el primer campeón oficioso del juego a mediados del siglo XVI.

El auge contemporáneo tiene dos catalizadores claros: la pandemia de COVID-19 y el éxito global de la serie Gambito de dama en Netflix. Desde entonces, la plataforma ha añadido otras dos producciones de temática ajedrecística: Queen of Chess, centrada en Judit Polgár —la única mujer que ha figurado entre los diez mejores jugadores del mundo—, y Chess Mates, sobre las no probadas acusaciones de trampa formuladas por Magnus Carlsen contra Hans Niemann. Lejos de tratarse de una moda pasajera, la popularidad del juego continúa creciendo mes a mes, y la lista de figuras públicas que lo practican no deja de ampliarse: el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez; el tenista Carlos Alcaraz; el humorista David Broncano, y los futbolistas Erling Haaland y Unai Simón, entre otros. Entrenadores como Pep Guardiola y Ernesto Valverde lo emplean como fuente de inspiración táctica, mientras que escritores y cineastas —de Arturo Pérez-Reverte a Stanley Kubrick— han encontrado en él un territorio fértil para la creación.

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Evidencias científicas y usos terapéuticos

Existe evidencia científica sólida, según la investigación acumulada, de que el ajedrez desarrolla la inteligencia cognitiva y emocional, y de que puede contribuir a ralentizar el deterioro cognitivo asociado a la edad, con un posible efecto retardador sobre la aparición del alzhéimer. España se sitúa a la vanguardia de su introducción como herramienta educativa, impulsada en gran medida por una resolución unánime del Congreso aprobada el 11 de febrero de 2015. La región de Extremadura lidera además su uso social y terapéutico en programas de atención al envejecimiento cognitivo, rehabilitación penitenciaria, recuperación de adicciones, TDAH, trastorno del espectro autista y síndrome de Down, entre otros.

Inteligencia artificial y dimensión política

El ajedrez ha estado históricamente ligado al desarrollo de la inteligencia artificial, desde los trabajos pioneros de Alan Turing en 1947 hasta el Premio Nobel de Química concedido a Demis Hassabis en 2024. Hoy, el programa más fuerte del mundo calcula millones de jugadas por segundo y puede ejecutarse en un teléfono móvil, lo que no ha restado un ápice de significado al juego entre humanos: la belleza en el ajedrez nace con frecuencia de la imperfección, cuando un error es castigado con brillantez y ambos jugadores crean, involuntariamente, una obra de arte. Esta dimensión estética convive con una política: el excampeón mundial Garry Kasparov, exiliado en Nueva York, ocupa un lugar destacado en la lista de enemigos de Vladímir Putin, mientras que su gran rival, Anatoly Karpov —diputado por el partido del presidente ruso—, fue encontrado inconsciente en una calle oscura poco después de oponerse públicamente a la invasión de Ucrania. El juego también ha sido objeto de prohibición en distintos momentos de la historia: la Inquisición española, el Gobierno chino durante los últimos años de Mao Zedong, el ayatolá Jomeini en Irán y, en la actualidad, el régimen talibán en Afganistán, lo han proscrito. La conexión entre el ajedrez y el pensamiento profundo cobra especial relevancia en un contexto en que la irrupción masiva de la inteligencia artificial generativa plantea interrogantes sobre el futuro del razonamiento humano. Millones de personas recurren hoy a herramientas como ChatGPT para completar tareas sin esfuerzo intelectual propio, un fenómeno que contrasta con el auge de un juego que exige precisamente lo contrario. El número de partidas posibles de ajedrez —un uno seguido de 123 ceros— supera la cantidad estimada de átomos en el universo observable, un dato que ilustra la inagotable profundidad de un juego al que la humanidad lleva quince siglos sin encontrarle fondo.

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