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Medio Ambiente y Clima 6 min read 1h ago

Árboles resistentes al cambio climático

  • El Front Range de Colorado presenta condiciones climáticas extremas para los árboles —suelos alcalinos, sequía, heladas tardías— que los modelos climáticos prevén que se
  • El escarabajo esmeralda del fresno amenaza con eliminar masivamente una especie de la que el bosque urbano de Colorado depende en exceso, lo que obliga a diversificar el arbolado
  • Cuatro expertos en arboricultura coinciden en que aumentar la diversidad genética —recurriendo a semillas de procedencias más meridionales y fomentando la reproducción sexual
Árboles resistentes al cambio climático

Si se observan fotografías antiguas de las ciudades del Front Range de Colorado, apenas se distinguen árboles. El paisaje original de esa franja al pie de las Montañas Rocosas ofrecía una vegetación escasa: coníferas de montaña y unos pocos árboles caducifolios a orillas de arroyos. Los primeros colonos tuvieron que construir infraestructuras de riego y una cultura de jardinería que, con el tiempo, transformó esas urbes. Hoy, sin embargo, ese legado verde enfrenta la amenaza más severa de su historia: el cambio climático.

Un entorno ya de por sí hostil para los árboles

Las condiciones del Front Range fueron descritas en la Octava Conferencia Anual de Diversidad Arbórea, celebrada el 4 de marzo, como francamente "duras": veranos calurosos, inviernos fríos, escasas precipitaciones, humedad baja, suelos alcalinos de tipo árido, heladas tardías en primavera y tempranas en otoño, vientos fuertes y una temporada de crecimiento un mes más corta que en el Medio Oeste y la Costa Este de Estados Unidos. Los modelos climáticos presentados en ese encuentro apuntan a que las temperaturas seguirán subiendo, con un ritmo de calentamiento especialmente acelerado en las zonas de mayor altitud. A ese escenario se suma la desaparición prevista de numerosos fresnos, álamos y otras especies debilitadas, lo que intensificará el denominado efecto isla de calor: el asfalto, el metal y el hormigón acumulan el calor solar allí donde los árboles no proveen sombra. La presión sobre el arbolado se agrava además por la mayor densidad edificatoria, que reduce el espacio disponible para las raíces, y por plagas como el escarabajo esmeralda del fresno (Emerald Ash Borer), que amenaza con eliminar masivamente una especie de la que Colorado ha dependido en exceso. El resultado es un bosque urbano en monocultivo, especialmente vulnerable a enfermedades, plagas y condiciones cambiantes. La situación no es exclusiva de esta región: en Europa, el estrés hídrico está poniendo a prueba huertos y arbolados con consecuencias igualmente graves, como ilustran los manzaneros alemanes que luchan contra la sequía y el calor en Heilbronn o el verano que está poniendo a prueba los bosques de Francia.

Cuatro expertos, un diagnóstico compartido

Scott Skogerboe, propagador de Fort Collins Wholesale Nursery y principal referente en especies resistentes para la estación experimental de Cheyenne, defiende un giro hacia árboles nativos que sustenten la fauna y la flora locales. Dada la tendencia al calentamiento, recomienda buscar fuentes de semilla más al sur —Texas, Oklahoma y Nebraska meridional— en lugar de las selecciones norteñas tradicionales. Entre sus propuestas destacan el ciprés de Arizona, el arce Caddo de Oklahoma, el híbrido de cerezo silvestre "Sucker Punch", el roble Gambel "Gila Monster" (tolerante a -30 °F y muy resistente a la sequía) y el árbol del café de Kentucky en su selección masculina 'Espresso', que no produce vainas.

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Tim Buchanan, guardabosques urbano de Fort Collins durante 41 años, señala que en esa ciudad —más fría que Denver y con suelos de pH cercano a 8— el popular Autumn Blaze Maple no prospera, ni tampoco el arce plateado o el noruego. En cambio, avala el arce negro (Acer nigrum) por su mayor tolerancia al calor y a la alcalinidad, el roble rojo de Texas (Quercus buckleyi) como alternativa al roble rojo del norte, el olmo 'Accolade' y el árbol del café de Kentucky como árbol sin complicaciones. También respalda, junto a Skogerboe, un nogal norteño experimental que ha producido, según sus palabras, "árboles muy hermosos".

Panayoti Kelaidis, conservador sénior y director de Divulgación del Jardín Botánico de Denver, lleva décadas siguiendo la evolución de árboles singulares en la ciudad. Un estudio de 50 años actualizado por su equipo reveló que las especies que mejor se han comportado desde 1968 son el roble de pantano, el árbol del café de Kentucky, el roble chinkapin, el roble rojo de Texas y el castaño de indias amarillo. Kelaidis advierte además del peligro de clonar árboles mediante injerto a partir de un único genotipo: esa uniformidad genética, cómoda para los viveros, representa "un desastre en ciernes" para el bosque. La solución pasa por experimentar más, favorecer la reproducción por semilla y respetar la variabilidad natural.

Sonia John, curadora del Arboreto de la Universidad Regis e impulsora de la Conferencia Anual de Diversidad Arbórea desde su creación en 2014, es especialmente entusiasta respecto a los robles. Destaca los híbridos entre el roble de pantano y el roble Gambel —denominados bur-gambel— por brotar tarde y esquivar así las heladas primaverales. Señala también el árbol del humo americano (Cotinus obovatus), el jantocero (Xanthocerus) por su tolerancia a la sequía, y el nogal norteño. Considera que los robles podrían mejorarse deliberadamente mediante selección para lograr mayor tolerancia al calor, al frío y a la sequía.

Estrategias para un bosque urbano más resistente

Más allá de la elección de especies, los cuatro expertos coinciden en una serie de prácticas culturales: incorporar entre un 20 % y un 30 % de compost al plantar para retener humedad y alimentar la vida del suelo; inocular las raíces con micorrizas durante la propagación; regar profundamente y con poca frecuencia en lugar de aplicar los ciclos de riego cortos y frecuentes diseñados para el césped; y plantar los árboles fuera de las zonas ajardinadas para evitar que el riego del prado prive a las raíces de oxígeno. También se recomienda tolerar que los insectos dañen hasta el 10 % de las hojas antes de aplicar cualquier tratamiento, ya que las orugas —alimento esencial para las aves— estimulan además el sistema inmunitario del árbol. La implicación más clara de este diagnóstico es que el futuro del bosque urbano del Front Range depende de que los jardineros y las administraciones estén dispuestos a ensayar variedades poco conocidas: solo si algunos asumen ese riesgo, otros tendrán la evidencia necesaria para seguirles.

Temas

Resiliencia climáticaSilvicultura urbanaEspecies invasoras

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Organizaciones

Denver Botanic Gardens

Lugares

Colorado Front Range
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