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Medio Ambiente y Clima 4 min read 2h ago

Manzaneros alemanes frente al calor

  • El productor Albrecht Rembold estima que la sequía le cuesta hasta tres kilogramos de manzanas por árbol, y ha activado un riego de emergencia con bidones y mangueras de goteo.",
  • El calentamiento global ha adelantado la floración del manzano de mayo a abril, elevando el riesgo de que las flores coincidan con heladas tardías, según la misma fuente
Manzaneros alemanes frente al calor
Manzaneros alemanes frente al calor

En las colinas del Obsthof Rembold, a las afueras de Heilbronn, unas treinta variedades de manzana crecen en hileras ordenadas bajo un cielo que este año ha repartido poco más que calor y silencio de lluvia. El productor Albrecht Rembold lleva días recorriendo sus fincas con bidones de agua y mangueras de goteo, ejecutando lo que él mismo describe sin rodeos: "Estamos jugando a los bomberos: donde está peor, ahí se ayuda para que el árbol no se pierda y la calidad se mantenga".

Hasta tres kilos menos por árbol

Las semanas de escasas precipitaciones han dejado huella. Según la estimación del propio Rembold, cada árbol acumula un déficit de hasta tres kilogramos de fruta respecto a su potencial. El estrés hídrico lleva a los manzanos a desprender parte de sus frutos como mecanismo de supervivencia, adelantando pérdidas que el agricultor intenta frenar mediante riego de emergencia. La situación se suma a otra presión ya conocida: la competencia de manzanas importadas mantiene los precios tan bajos que dificultan cualquier inversión de calado.

Las redes antigranizo, un escudo inesperado contra el sol

Entre los recursos que han cobrado mayor valor en los últimos años figuran las redes antigranizo. Rembold explica que en su explotación se han convertido en "estándar" para garantizar la cosecha, pero que ahora descubren un beneficio adicional: protegen a los frutos del golpe de sol. La diferencia es visible a simple vista — los árboles fuera de la sombra de las redes presentan decoloraciones amarillentas y tejido dañado, mientras que los cubiertos conservan mejor aspecto a pesar de los días de calor intenso registrados este año.

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Los embalses, una necesidad que choca con la economía

A largo plazo, los expertos apuntan a una solución estructural: los embalses de almacenamiento de agua. Franz Rueß, agrónomo de la Institución Estatal de Enseñanza e Investigación para la Viticultura y la Fruticultura de Weinsberg, es categórico: "El sur de Alemania tendrá que apostar por estos depósitos. Es una obligación para los productores si quieren ser viables en el futuro". Rembold también baraja construir uno en su finca para retener agua en épocas de lluvia, pero reconoce que una instalación de ese tipo requiere permiso administrativo y una inversión que los ingresos actuales no cubren. El agua, además, no solo importa en verano: en primavera, los fruticultores mojan las flores de manzano para protegerlas del hielo nocturno, un método que también depende de disponer de reservas suficientes.

El cambio climático adelanta la floración, aumentando el riesgo de heladas

Según Rueß, el clima extremo que sacude Europa está alterando el calendario biológico de los manzanos. Los inviernos más suaves han desplazado la floración entre tres y seis semanas hacia adelante: si antes los árboles florecían a principios o mediados de mayo, hoy lo hacen en abril. Esto aumenta la probabilidad de que las flores abiertas coincidan con noches de helada tardía, un riesgo que hace apenas dos décadas era mucho menos frecuente. La tendencia, señala el investigador, responde a los mismos procesos de calentamiento global que están redibujando los ecosistemas en latitudes templadas.

Una nueva variedad como apuesta de futuro

La investigación ofrece alguna esperanza. El propio Rueß ha desarrollado una variedad bautizada "Mammut" que florece tan tarde en el año que las heladas primaverales no llegan a afectarla. Sin embargo, su implantación masiva en el sector se prevé lenta: los árboles son costosos, tardan años en producir a pleno rendimiento y, además, el consumidor debe primero familiarizarse con su sabor. Rembold, mientras tanto, trabaja con lo que tiene y con la vista puesta en el relevo generacional: "Quiero dejarles a mis hijos una explotación que, si quieren, esté en mejor forma ecológica y económica que la que yo recibí de mis antepasados". De esa voluntad depende, en buena medida, que los manzanares del sur de Alemania sigan dando fruto en las próximas décadas.

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