El dilema de Burnham sobre Rosebank
- El gobierno de Burnham debe decidir si aprueba los yacimientos Rosebank y Jackdaw, cuyos permisos previos fueron anulados por un tribunal escocés al omitirse las emisiones de
- Ambos campos poseen licencias otorgadas por el gobierno conservador en 2022 y 2023, lo que los excluye formalmente del compromiso laborista de no conceder nuevas licencias de
- Un académico y ex asesor climático de Downing Street sostiene que la captura y almacenamiento de carbono podría hacer Rosebank compatible con el cero neto, pero solo si los
El gobierno británico de Andy Burnham se encuentra ante una de las decisiones más políticamente delicadas de su mandato: si otorgar o denegar el consentimiento definitivo para explotar dos campos de hidrocarburos, Rosebank en el Atlántico Norte y Jackdaw en el Mar del Norte. La presión llega desde flancos opuestos: la industria del petróleo y el gas y los sindicatos exigen luz verde, mientras los grupos ecologistas advierten de que cualquier nueva producción es incompatible con los compromisos climáticos del país.
Licencias vigentes, aprobaciones anuladas
Ambos yacimientos cuentan con licencias de explotación concedidas por el anterior gobierno conservador en 2022 y 2023, lo que sitúa la situación fuera del alcance directo del compromiso laboral de no aprobar nuevas licencias de perforación. Sin embargo, el Tribunal de Sesiones de Edimburgo dictaminó el año pasado que las evaluaciones de impacto ambiental en las que se basaron aquellas aprobaciones eran ilegales. El tribunal concluyó que el ejecutivo conservador había omitido computar las emisiones generadas por la combustión del petróleo y el gas extraídos de los campos. Aunque el tribunal permitió continuar los trabajos ya en curso, exigió la realización de nuevas evaluaciones y la obtención de una aprobación renovada.
La propuesta de la captura de carbono
Michael Jacobs, catedrático de economía política en la Universidad de Sheffield y antiguo asesor de energía y cambio climático de Gordon Brown durante su etapa como primer ministro, argumenta que la tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) podría hacer que Rosebank fuera compatible con los objetivos de cero emisiones netas del Reino Unido, aunque supeditado a que sus propietarios estén dispuestos a asumir el coste. Se trata de una postura que aún no ha sido adoptada formalmente por el gobierno, y la viabilidad y financiación de esa hipotética condición permanecen sin resolver.
El contexto energético complica aún más el cálculo político: la inseguridad en el suministro y las evidencias cada vez más letales de la crisis climática presionan simultáneamente al primer ministro desde direcciones contrarias. El declive del petróleo del Mar del Norte como símbolo político ilustra hasta qué punto este debate ha cambiado de naturaleza en los últimos años. Si el gobierno acepta las condiciones propuestas por la industria sin garantías verificables de captura de emisiones, arriesga su credibilidad climática; si las rechaza sin alternativa energética clara, afronta el coste político de la dependencia exterior. La reticencia de Burnham a abordar públicamente la crisis climática añade incertidumbre sobre la orientación final de su decisión. La resolución de este impasse definirá, en buena medida, la coherencia de la política energética y climática británica para los próximos años.
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