Xilitol y riesgo cardíaco: nueva alerta
- Un estudio con 17.710 participantes presentado en el ESC 2026 de Múnich asocia los niveles elevados de xilitol en sangre con un riesgo cardiovascular hasta un 57% mayor en seis
- Los investigadores advierten de que el xilitol podría favorecer la formación de coágulos sanguíneos, aunque el estudio observacional no demuestra causalidad directa.
- Los autores piden más investigación urgente, ya que el xilitol —presente en chicles y productos dietéticos— sigue siendo considerado seguro por las autoridades sanitarias.
Millones de personas consumen a diario chicles, caramelos y productos dietéticos endulzados con xilitol —el llamado azúcar de abedul— convencidas de que se trata de una alternativa más saludable al azúcar convencional. Un estudio presentado este sábado en el Congreso Europeo de Cardiología (ESC) en Múnich, el mayor evento de esta especialidad en el mundo, arroja dudas sobre esa certeza: los investigadores identificaron una asociación entre niveles elevados de xilitol en sangre y un mayor riesgo de infarto de miocardio, ictus y muerte cardiovascular.
Los datos del estudio
El trabajo analizó los datos de 17.710 personas procedentes de dos grandes estudios longitudinales, con participación de científicos de Alemania, Canadá y el Reino Unido. Los resultados difieren según la cohorte analizada: en el estudio canadiense, los participantes con niveles más altos de xilitol en sangre mostraron un riesgo incrementado en un 57% de sufrir un episodio cardiovascular grave en un periodo de seis años. En un estudio europeo de seguimiento durante tres décadas, ese exceso de riesgo se situó en un 18%.
El xilitol está presente de forma habitual en chicles sin azúcar, caramelos y una amplia variedad de productos etiquetados como "sin azúcar" en el sector del fitness y la alimentación dietética.
El mecanismo propuesto y sus límites
El doctor Marco Witkowski, del Charité de Berlín y uno de los autores del estudio, señaló que investigaciones previas ya habían apuntado a que el xilitol podría favorecer la formación de coágulos sanguíneos. "En estudios anteriores pudimos demostrar que el xilitol puede promover la formación de trombos", afirmó. La hipótesis es que el edulcorante podría interferir en la coagulación, potenciando la actividad de las plaquetas.
La cardióloga Prof. Christina Magnussen, del Hospital Universitario de Hamburgo-Eppendorf, explicó que "existen indicios de que el xilitol activa más las plaquetas, lo que puede facilitar la formación de coágulos capaces de desencadenar infartos o ictus". Ese tipo de trombosis es, precisamente, el desencadenante directo más frecuente de ambas emergencias cardiovasculares.
Sin embargo, ambos especialistas subrayan una limitación fundamental: se trata de un estudio observacional, que documenta una asociación pero no prueba causalidad. La Prof. Magnussen lo expresa con claridad: "Los investigadores hallaron una correlación entre niveles altos de xilitol en sangre y enfermedades cardiovasculares, pero no pueden afirmar con certeza que el xilitol sea la causa". Una explicación alternativa que los propios autores no descartan es que personas con ciertas alteraciones metabólicas presenten de forma simultánea, y de manera independiente, tanto niveles elevados de xilitol como un mayor riesgo cardíaco.
¿Qué hacer mientras llegan más datos?
Las autoridades sanitarias siguen considerando el xilitol como un aditivo seguro. El propio Dr. Witkowski lo confirma, aunque matiza: "Nuestros datos longitudinales en población general evidencian lo poco que sabemos aún sobre el impacto del xilitol en el corazón y los vasos. Por eso son urgentemente necesarios más estudios, máxime cuando cada vez más alimentos lo incorporan". La Sociedad Alemana de Nutrición recomienda no superar los 50 gramos diarios de azúcares libres, equivalentes a entre diez y doce terrones de azúcar o medio litro de refresco de cola, una referencia que los expertos hacen extensiva a los edulcorantes: ningún sustituto del azúcar debería consumirse en cantidades excesivas.
La investigación, de este modo, abre un debate que va más allá del chicle sin azúcar: el de cuánto conocemos realmente los efectos a largo plazo de los edulcorantes y aditivos presentes en alimentos ultraprocesados sobre la salud cardiovascular y metabólica, y la urgencia de continuar estudiándolos con rigor antes de validar su consumo masivo.
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