Los hongos: ni plantas ni animales
- Los hongos no son plantas ni animales, sino que forman su propio reino biológico, incapaces de realizar fotosíntesis y sin reproducción por semillas.
- Más de 150.000 especies han sido catalogadas, pero los científicos estiman que podrían existir varios millones más sin describir en todo el mundo.
- El ser vivo más grande conocido en la Tierra es un hongo, cuyo micelio subterráneo puede extenderse varios kilómetros cuadrados.
Una pregunta aparentemente sencilla descoloca a muchos: ¿son los hongos plantas o animales? La respuesta, que desafía el sentido común, es ninguna de las dos cosas. Los biólogos los clasifican en un reino propio, separado de plantas y animales, por razones que tienen tanto de historia evolutiva como de bioquímica fundamental.
Similitudes engañosas
La confusión es comprensible. Los hongos crecen en el suelo, permanecen inmóviles y, a primera vista, recuerdan a las plantas. Sin embargo, carecen de hojas o agujas, son incapaces de realizar la fotosíntesis y no se reproducen mediante semillas, sino a través de esporas. Al mismo tiempo, comparten con los animales la característica de obtener energía a partir de materia orgánica externa en lugar de producirla mediante la luz solar. Esta combinación de rasgos los convierte en organismos sin parangón dentro del árbol de la vida.
Un reino de cifras asombrosas
Hasta ahora se han catalogado más de 150.000 especies de hongos, una diversidad que los científicos consideran apenas la punta del iceberg: las estimaciones apuntan a que podrían existir varios millones de especies aún sin describir en todo el planeta. A pesar de esa heterogeneidad, todos los hongos comparten un rasgo ecológico decisivo: se alimentan de materia orgánica en descomposición, como restos vegetales del suelo, y al hacerlo devuelven nutrientes valiosos al ciclo natural, desempeñando así una función irremplazable en los ecosistemas.
Lo visible es solo una fracción
Lo que recogemos en el bosque —el sombrero y el pie del hongo— es únicamente el cuerpo fructífero, la parte reproductora del organismo. La verdadera estructura del hongo, el micelio, se extiende bajo tierra y puede abarcar varios kilómetros cuadrados. De hecho, el ser vivo más grande conocido sobre la Tierra es un hongo cuyo micelio ocupa una superficie extraordinaria.
Supervivientes ancestrales
Los hongos colonizaron la Tierra mucho antes de que apareciera el ser humano y, según los registros fósiles, incluso antes de que surgieran muchos de los grupos animales actuales. Su antigüedad, combinada con su capacidad de adaptarse a entornos radicalmente distintos, explica por qué los biólogos les reservan un lugar independiente en la clasificación de los seres vivos. Al igual que ocurre con otras formas de vida que habitan los espacios que el ser humano considera dominados, los hongos recuerdan que la naturaleza despliega estrategias evolutivas que la taxonomía clásica apenas alcanza a describir.
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