IA diseña virus y alarma a bioseguridad
- Investigadores de Stanford utilizaron los modelos de IA Evo 1 y Evo 2 para crear 16 virus funcionales inexistentes en la naturaleza, capaces de atacar la bacteria Escherichia coli
- Los propios autores advierten que aplicar el mismo método a virus que infectan células podría producir patógenos viables a escala similar, con riesgo de uso malintencionado.
- Expertos publicados en Science señalan que la capacidad de diseñar genomas virales con IA generativa ya existe, pero la gobernanza necesaria para regularla de forma segura aún no.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, encabezado por Samuel H. King, ha creado con inteligencia artificial los genomas completos de 16 virus que no existen en la naturaleza, una hazaña científica que la revista Science acaba de publicar y que ha detonado una alerta urgente entre la comunidad científica internacional: la capacidad tecnológica avanza más rápido que las normas diseñadas para contenerla.
Qué lograron los investigadores
Los científicos emplearon dos modelos de IA de lenguaje genómico —Evo 1 y Evo 2— para generar virus bacteriófagos, es decir, organismos que atacan bacterias y no células animales. En concreto, los nuevos virus fueron diseñados para infectar a la bacteria Escherichia coli C. De un total de 300 genomas generados por los modelos, 16 resultaron funcionales, lo que, según el catedrático de Biología de Sistemas de la Universitat Pompeu Fabra Jordi García-Ojalvo, revela que "el sistema es todavía ineficiente". García-Ojalvo añade que "el peligro aquí es menor que en los grandes modelos de lenguaje de IA tradicionales, pues los genomas diseñados se han de testear en el laboratorio uno a uno".
El trabajo se llevó a cabo con estrictas medidas de bioseguridad: cabina de bioseguridad, equipos de protección individual, esterilización periódica con etanol al 70 %, lejía al 10 % y radiación ultravioleta, y eliminación de todos los residuos como biopeligrosos. Además, los autores excluyeron deliberadamente de los datos de entrenamiento de los modelos todos los virus capaces de atacar células, "incluidos los patógenos para el ser humano".
La advertencia que preocupa a los expertos
A pesar de las precauciones, los propios autores reconocen en un texto complementario que si su método se aplicara para diseñar virus capaces de infectar células en lugar de bacterias, los nuevos patógenos "podrían ser viables a una escala similar". Ante ese riesgo, advierten que un trabajo de esa naturaleza "solo debería llevarse a cabo tras una revisión minuciosa y deliberaciones con otros investigadores y expertos en bioseguridad, biocontención y bioprotección, así como respetando todas las estructuras de gobernanza y mejores prácticas actuales y futuras".
Víctor de Lorenzo, profesor de investigación del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, valora que extender esta estrategia al diseño de virus que ataquen células abriría posibilidades como "el diseño de virus oncolíticos —contra células cancerosas— altamente específicos", pero alertó también de "escenarios preocupantes, como la creación de virus con afinidad selectiva por determinados tipos celulares, tejidos o incluso grupos de población". El doble filo de la tecnología queda aquí expuesto con toda su crudeza.
Esta tensión entre potencial terapéutico y riesgo de uso indebido no es ajena al debate más amplio sobre cómo los modelos de IA pueden actuar sobre sistemas reales con consecuencias imprevistas, un fenómeno que preocupa cada vez más a reguladores e investigadores en distintos ámbitos.
La gobernanza, ausente
Junto con los artículos científicos, Science publicó un tercero firmado por Thomas V. Inglesby y Moritz S. Hanke, que señalan con claridad el vacío regulatorio: "La capacidad de componer genomas virales utilizando IA generativa ya existe; sin embargo, aún no existe la gobernanza necesaria para gestionarla de forma segura". Los autores subrayan que, aunque existen regulaciones sobre bioseguridad, "la genómica generativa rompe esta lógica porque las alteraciones genéticas que crea son impredecibles".
Los propios investigadores de Stanford admiten que "la creciente accesibilidad a dicha infraestructura hace que los casos de uso malintencionado sean cada vez más posibles", una preocupación que resuena con las advertencias que distintos actores del sector tecnológico han lanzado sobre el uso persistente y sofisticado de la IA con fines maliciosos.
Inglesby y Hanke plantean la pregunta de fondo que hoy no tiene respuesta: si la sociedad es capaz de establecer un sistema de supervisión que permita aprovechar los beneficios de la genómica generativa "al tiempo que se evita que provoque daños graves". Mientras esa pregunta permanece abierta, la tecnología no espera.
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