Díaz-Canel: el diálogo con EE.UU. está estancado
- Díaz-Canel admitió que el diálogo con EE.UU. 'está estancado', sin agenda definida ni avances concretos pese a los contactos mantenidos entre ambas partes.
- El presidente cubano condicionó cualquier negociación al fin de lo que denomina 'opresión', afirmando que bajo esa circunstancia el diálogo es imposible.
- Díaz-Canel negó que Cuba esté 'al borde del colapso', aunque no aportó datos concretos para sustentar esa afirmación.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, admitió públicamente que las conversaciones con Washington atraviesan un punto muerto. En una entrevista concedida al diario brasileño Folha de S.Paulo, el mandatario reconoció que el diálogo con Estados Unidos "está estancado" y que, pese a la "voluntad de dialogar" manifestada y a los contactos sostenidos entre ambas partes, "aún no se ha podido avanzar" ni existe "una agenda definida".
Una condición que bloquea cualquier acercamiento
Díaz-Canel fue categórico al establecer los límites del entendimiento posible: "Bajo la opresión no puede haber diálogo", aseveró. La frase condensa la postura oficial de La Habana, que supedita cualquier avance diplomático a lo que el gobierno cubano describe como el fin de las presiones externas. El mandatario no precisó en la entrevista qué condiciones concretas deberían modificarse para desbloquear las negociaciones ni qué entiende exactamente por "opresión" en este contexto.
La negativa ante el diagnóstico de colapso
En el mismo diálogo, Díaz-Canel rechazó las interpretaciones que sitúan a la isla al borde de una crisis terminal. "Cuba no está al borde del colapso", afirmó, sin detallar los indicadores económicos o sociales que sustentarían esa valoración. La declaración se produce en un contexto en que la política de presión económica de Washington sobre La Habana mantiene al país bajo una intensa tensión financiera y energética, cuya magnitud real sigue siendo objeto de disputa entre el gobierno cubano y sus críticos.
El estancamiento reconocido por el propio Díaz-Canel deja en suspenso cualquier perspectiva de distensión bilateral, con ambas partes atrincheradas en posiciones incompatibles y sin un marco formal de negociación en el horizonte visible.