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Mundo 2 min read 4h ago · Updated 25 de agosto de 2026 a las 00:11 UTC

Centenaria del Kindertransport vuelve al lugar de la despedida

  • Gabriele Keenaghan, centenaria residente en North Shields, fue evacuada de Austria nazi en abril de 1939 con doce años a través del Kindertransport, despidiéndose de su abuela en
  • Keenaghan recuerda que las lágrimas estaban estrictamente prohibidas en el andén y que la presencia de nazis uniformados de negro la resultó terrorífica siendo una niña.
  • La centenaria se prepara para regresar al lugar de aquella separación y anticipa que el reencuentro con el espacio será emocionalmente intenso.
Centenaria del Kindertransport vuelve al lugar de la despedida
Centenaria del Kindertransport vuelve al lugar de la despedida

Tenía doce años, las lágrimas estaban prohibidas y los andenes del Westbahnhof de Viena estaban vigilados por uniformes negros de las SS. En abril de 1939, Gabriele Keenaghan se despidió de su abuela en esa estación y abordó uno de los trenes del Kindertransport que llevarían a miles de niños hacia Gran Bretaña, lejos de la Austria ocupada por el nazismo. Más de ocho décadas después, la centenaria, que hoy reside en North Shields, se prepara para regresar al lugar donde su vida se partió en dos.

El recuerdo de una despedida sin lágrimas

Keenaghan recuerda con precisión la mezcla de aprensión y miedo que la embargó aquella mañana. "Estaba inquieta y preocupada porque había nazis con uniformes negros en el andén", declaró. "Solo tenía doce años, así que creo que me resultaban aterradores… terroríficos". La prohibición expresa de llorar añadía otra capa de tensión a una separación cuyo alcance real la niña aún no podía comprender del todo. Ese día dejó atrás a su abuela, a su familia y a la única vida que había conocido. El tren la condujo a Gran Bretaña, donde finalmente se estableció.

Un regreso cargado de emoción

Ahora, convertida en centenaria, Keenaghan anticipa que el reencuentro con aquel espacio no será sencillo. "Probablemente me emocione", admitió. La visita al Westbahnhof representa algo más que un ejercicio de memoria personal: es también un testimonio vivo de uno de los programas de rescate humanitario más significativos del período previo a la Segunda Guerra Mundial, en el que niños fueron separados de sus familias para ponerlos a salvo de la persecución nazi. La historia de Keenaghan conecta ese pasado con el presente, recordando que otros testigos de la Europa de aquellos años también dejaron registros indelebles de lo que significó vivir bajo la sombra del nazismo.

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