Brasileños presos en Islandia regresan
- Los cuatro activistas brasileños detenidos en Islandia el 31 de julio tras interceptar un barco ballenero regresaron a Brasil entre el 18 y el 20 de agosto.
- Su repatriación se demoró más que la del resto de la tripulación porque la normativa islandesa exige que un agente policial acompañe al detenido en el vuelo hasta su país de
- La temporada de caza registra 45 ballenas fin muertas y el barco activista Bandero permanece incautado sin fecha de liberación, mientras la especie sigue clasificada como en
Los cuatro ciudadanos brasileños detenidos en Islandia tras la intervención de la Guardia Costera del país sobre el barco activista Bandero regresaron a Brasil entre el 18 y el 20 de agosto, poniendo fin a semanas de incertidumbre que mantuvieron en vilo tanto a sus familias como a las organizaciones ambientales que respaldan la misión.
Una salida más lenta que la de sus compañeros
El regreso no fue sencillo. Según fuentes vinculadas al caso, la repatriación de los brasileños dependió de la autorización del gobierno islandés y de la disponibilidad de un vuelo directo entre Islandia y Brasil, un trayecto que exige, por normativa local, que un agente de policía islandés acompañe al detenido hasta su destino final. Esa condición retrasó considerablemente su salida: mientras tanto, los otros 16 tripulantes de otras nacionalidades —pertenecientes a la misma expedición— ya habían sido deportados o tenían encauzada su salida del país. Victor Calixto llegó a Brasil el 18 de agosto; Lucas Barbosa y Rui Amorim, el 19; y Vitor Young, el 20.
La operación que desencadenó la detención
Todo comenzó el 30 de julio, cuando la embarcación auxiliar del Bandero fue lanzada para interceptar a uno de los dos últimos barcos autorizados a realizar la caza comercial de ballenas de aleta —también llamadas ballenas fin— en aguas islandesas. El barco ballenero abandonó la zona tras la maniobra. La respuesta de las autoridades fue inmediata: la Guardia Costera desplegó helicópteros y drones, agentes armados tomaron el control del Bandero y lo condujeron hasta Reykjavík, la capital islandesa. Al día siguiente, el 31 de julio, los tripulantes fueron formalmente detenidos.
El Bandero forma parte de la Operación 86, una misión organizada por la ONG internacional Captain Paul Watson Foundation con el objetivo de monitorear e impedir la caza comercial de ballenas fin en Islandia. La expedición congregó a 21 tripulantes de 11 países distintos.
Entre el heroísmo y la cultura: lo que percibieron los activistas
Lucas Barbosa, cocinero a bordo del Bandero, relató que durante el trayecto de regreso junto a Rui Amorim advirtió una reacción inesperada en algunas de las agentes que los escoltaban en el proceso migratorio. "Yo percibí que ellas consideraban el acto algo heroico. Me quedó muy claro. No lo veían como algo malo, ni criminal, ni nada parecido. Incluso pensando que la caza de ballenas forma parte de su cultura, pude notar que ellas tampoco estaban de acuerdo con lo que ocurre allí", declaró Barbosa. La detención de activistas ambientales por parte de Estados no es un fenómeno aislado; casos similares han generado debate internacional en torno a los límites de la protesta en el mar, tal como ocurrió con la detención de cineastas en Togo, que también suscitó una respuesta de la sociedad civil.
La temporada continúa: 45 ballenas muertas y el barco aún retenido
Mientras los activistas recuperan su libertad, la situación que los llevó a Islandia sigue sin resolverse. En lo que va de la temporada de caza, 45 ballenas fin han sido abatidas. El Bandero permanece incautado por las autoridades islandesas sin fecha prevista de liberación. La bióloga Larissa Uema advierte que el panorama es preocupante: la ballena fin está catalogada como especie en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La especie tarda al menos seis años en alcanzar la madurez sexual, tiene un intervalo reproductivo de dos a tres años y una gestación de entre 11 y 12 meses que, por lo general, produce una sola cría. La combinación de presión cinegética y lenta recuperación biológica sitúa a la especie en una posición de alta vulnerabilidad.
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