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Mundo 2 min read 3h ago

Singapur ofrece 47.000 € por hijo

  • El primer ministro Lawrence Wong anunció que Singapur pagará más de 47.000 euros por cada hijo menor de edad como parte de un nuevo programa de apoyo a la natalidad.
  • La medida busca elevar una tasa de fecundidad que se encuentra entre las más bajas del mundo y contener el acelerado envejecimiento de la población de la isla.
  • Expertos y la propia experiencia histórica del país señalan que los incentivos económicos tienen un impacto limitado frente a las causas estructurales de la baja natalidad.
Singapur ofrece 47.000 € por hijo
Singapur ofrece 47.000 € por hijo

El Gobierno de Singapur anunció que pagará a las familias más de 47.000 euros por cada hijo menor de edad, en el marco de un ambicioso programa de ayudas presentado por el primer ministro Lawrence Wong. La medida busca revertir una tasa de natalidad que figura entre las más bajas del planeta y que amenaza con acelerar el envejecimiento de una de las economías más prósperas del sudeste asiático.

Una apuesta económica contra la crisis demográfica

La estrategia diseñada por las autoridades de la isla no es nueva en su filosofía: abaratar y simplificar el proceso de criar hijos, con la esperanza de que un mayor apoyo económico anime a las parejas a formar familias más numerosas. El paquete recién anunciado representa, no obstante, una escalada significativa en el compromiso financiero del Estado con quienes decidan tener descendencia.

Singapur es ya un país que lidia cotidianamente con el envejecimiento de su población. En ese contexto, el problema de la longevidad activa de sus ciudadanos de mayor edad coexiste con la urgencia de garantizar una base poblacional joven que sostenga el tejido social y productivo del país a largo plazo.

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Los límites de los incentivos económicos

Sin embargo, la experiencia acumulada en Singapur y en otros países que han intentado estrategias similares sugiere que los incentivos económicos tienen un alcance limitado. Las causas de la baja fecundidad son complejas y no se reducen al coste de la crianza: el ritmo de vida urbano, la presión laboral y las aspiraciones individuales influyen de manera determinante en la decisión de tener hijos. Si el nuevo programa de Wong logrará doblar esas tendencias estructurales es, por ahora, una pregunta sin respuesta.

Lo que sí queda claro es que Singapur está dispuesto a invertir de forma sostenida en este desafío demográfico, convirtiendo la política de natalidad en una prioridad de Estado cuyas consecuencias se medirán, inevitablemente, en décadas.

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