Islandia, el país más caro del mundo, vota sobre la UE
- Islandia celebrará el 29 de agosto un referéndum sobre su adhesión a la Unión Europea, en un contexto de costes de vida históricamente elevados.
- El sindicato islandés Víska calcula que Islandia es actualmente el país más caro del mundo, por encima de Suiza, Noruega y otros enclaves de alta renta.
- Según la misma fuente sindical, ninguna nación rica ha sufrido una presión inflacionaria tan sostenida como Islandia en el último medio siglo.
Islandia, la remota isla del Atlántico Norte que según los cálculos del sindicato islandés Víska ostenta desde la pasada primavera el título de país más caro del mundo, celebrará el próximo 29 de agosto un referéndum sobre su eventual adhesión a la Unión Europea. La coincidencia no es trivial: la presión del coste de vida —que en medio siglo no ha castigado con tanta dureza a ninguna otra nación rica, según la misma fuente sindical— sitúa la cuestión europea en el centro del debate económico islandés.
Precios que desafían al viajero
Los datos que circulan desde Reykjavik ilustran la magnitud del fenómeno. Seis tomates pequeños se venden a 980 coronas islandesas, casi siete euros al tipo de cambio actual. Una hamburguesa en un local sin pretensiones alcanza los 28 euros, y una pizza de pepperoni para llevar supera los 22. Incluso una postal de los fiordos cuesta cerca de cinco euros. Según Víska, Islandia supera en este indicador a Suiza, Noruega y a los enclaves caribeños donde se han asentado algunas de las mayores fortunas estadounidenses.
Un referéndum en el horizonte
La consulta del 29 de agosto plantea una pregunta con implicaciones económicas de largo alcance. La UE atraviesa su propio debate fiscal y energético, lo que añade complejidad al contexto en el que los islandeses deberán pronunciarse. El resultado del referéndum permanece incierto, y el artículo de referencia no recoge ni estimaciones de participación, ni datos de sondeos, ni posiciones oficiales del gobierno islandés o de las instituciones europeas.
Lo que sí queda claro es que la inflación acumulada durante las últimas décadas ha convertido a Islandia en un caso singular entre las economías avanzadas, y que esa realidad pesará en las urnas cuando sus ciudadanos decidan si estrechar o no los vínculos con el bloque continental.
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