Betancourt, investigado en Europa, se convierte en el petrolero de Trump para Venezuela
Alejandro Betancourt, empresario venezolano bajo investigación en Suiza y España por presunto lavado de dinero, se ha erigido en el eje del mayor acuerdo petrolero entre Washington y Caracas en décadas, con el Pentágono como socio al 35% de su empresa NABEP.
Escrito por Sofia Reyes
(hace 1 h)
¿Qué ha pasado?
Betancourt obtuvo para su empresa NABEP derechos sobre 17 campos petrolíferos venezolanos durante cien años, con los departamentos de Estado y Defensa de EE.UU. como socios al 35%.
Por qué importa
El acuerdo convierte a Betancourt en uno de los hombres más poderosos de Venezuela, con respaldo político, económico y militar de Washington y el derecho de EE.UU. a comprar el 20% del crudo a precio de coste.
Un empresario de 46 años con una reputación profundamente controvertida es ahora, según diversas fuentes citadas por medios estadounidenses y europeos, el nuevo hombre del petróleo de Donald Trump en Venezuela. Alejandro Betancourt, oriundo de Valencia y formado en los colegios de los Legionarios de Cristo en Caracas, ha logrado que la presidenta interina venezolana Delcy Rodríguez otorgue a su compañía, North American Blue Energy Partners (NABEP), los derechos de explotación de 17 campos petrolíferos durante un siglo, lo que equivale a aproximadamente una cuarta parte de las reservas de crudo venezolano. Los departamentos de Estado y Defensa de Estados Unidos han adquirido una participación del 35% en la empresa, garantizándose así el derecho a comprar el 20% de la producción a precio de coste. "No puede haber ningún ejecutivo petrolero que diga que tiene al Pentágono de su lado", señaló un funcionario estadounidense al medio Axios.
Un trato sin precedentes y un beneficiario inesperado
La Casa Blanca tardó días en confirmar los detalles de lo que calificó como un acuerdo histórico. Cuando finalmente los reveló, la figura de Betancourt generó tanto asombro como polémica. La Fiscalía de Zúrich mantiene una investigación activa contra él por presunto lavado de dinero y fraude fiscal, y España lleva un proceso paralelo. Hasta mayo de 2026, existía además una orden de extradición que lo mantenía confinado en dos mansiones en el Reino Unido, con los pasaportes italiano y venezolano retenidos. Esa solicitud de extradición fue revocada ese mes alegando "particularidades del derecho de extradición británico", según informó la Fiscalía de Zúrich a EL PAÍS, aunque el caso continúa abierto. "Eso es muy inusual, y esperamos que las autoridades suizas emitan una declaración que explique esa contradicción", advirtió un portavoz de Public Eye, una ONG suiza especializada en opacidad financiera del sector energético.
La administración Trump ha dejado claro que los problemas legales europeos de Betancourt no representan un obstáculo, siempre que no sea imputado en Estados Unidos. "La geopolítica no suele ser una elección entre lo ideal y lo imperfecto. Muchas veces hay que navegar hacia el mejor resultado posible con los factores disponibles", explicó un alto funcionario del Gobierno Trump a varios periodistas. El mismo responsable describió a Betancourt como "un operador probado" y precisó, sin rodeos: "No estoy nominando a nadie para la santidad".
Del chavismo a Washington: una trayectoria de cambios de bando
La historia de Betancourt con el poder venezolano es un relato de adaptaciones sucesivas. Enriqueció durante la era Hugo Chávez mediante contratos energéticos, entre ellos la adquisición de varias plantas eléctricas de segunda mano durante la crisis eléctrica de 2009. Fue el propio Jorge Rodríguez —entonces ministro de Comunicación, hoy presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy— quien, en una rueda de prensa en febrero de 2020, lo señaló como "el financiador directo de Juan Guaidó" y lo acusó de integrar una "red de corrupción". Al mismo tiempo, según Axios, Betancourt habría viajado a Moscú para entregar en mano una carta del entorno de Guaidó solicitando a Rusia que retirase su apoyo a Maduro. Aquel intento fracasó, y el régimen respondió confiscando su participación en la petrolera Petrozamora y congelando sus activos en Venezuela.
El giro llegó en 2023, cuando fue la propia Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta, quien lo llamó de vuelta a Caracas para una reunión privada: le ofreció reintegrarse a la vida pública a cambio de mantenerse al margen de la política y retomar sus negocios con garantías de seguridad. Betancourt aceptó, y de ese acercamiento nació NABEP. Ese mismo año fue archivado el caso venezolano contra él.
La captura de Maduro y el rol de intermediario
Medios estadounidenses informan ahora que Betancourt fue una pieza clave en la operación que culminó con la detención de Nicolás Maduro el 3 de enero. Según fuentes que relataron a EL PAÍS las conversaciones de aquella noche, cuando las fuerzas especiales se llevaron al exautócrata y a su esposa Cilia Flores, Betancourt ejerció de interlocutor tranquilizador con Delcy Rodríguez, quien inicialmente creyó que su jefe había muerto. "¡No hablo con asesinos!", habría dicho Rodríguez en un estado de gran agitación. Varios interlocutores, incluido el propio Betancourt, la persuadieron finalmente de hablar con el secretario de Estado Marco Rubio sobre la toma del control de Venezuela. En esas llamadas, según The Washington Post, altos funcionarios estadounidenses dejaron claro a Rodríguez que Betancourt sería el intermediario indispensable para reactivar el sector petrolero.
El camino que desembocó en el control conjunto de NABEP entre Betancourt y el Pentágono dejó socios anteriores en la cuneta. Hasta agosto de 2026, el magnate petrolero de Florida Harry Sargeant III —donante republicano e informal mediador entre Washington y Caracas, conocido como "El Abuelo" por Maduro y señalado como partícipe en la liberación de rehenes estadounidenses en 2025— mantenía una participación minoritaria. Con Maduro recluido en Nueva York, Sargeant se convirtió al parecer en un elemento incómodo: el Tesoro estadounidense congeló los activos de su empresa operativa en Venezuela, y según fuentes conocedoras del proceso, Venezuela también presionó a personas de su entorno. Sargeant vendió su participación por 300 millones de dólares a una entidad afiliada a Betancourt, quien quedó así como único accionista de una compañía que produce alrededor de 200.000 barriles diarios.
Las investigaciones en Europa sobre el origen y el destino de más de 4.000 millones de dólares presuntamente desviados de la estatal venezolana PDVSA con la complicidad de funcionarios sobornados se mantienen en fase de instrucción. Betancourt ha negado siempre cualquier irregularidad a través de sus abogados, entre los que figura Rudy Giuliani, abogado personal de Donald Trump. Su figura, no obstante, genera un rechazo extendido en Venezuela tanto en sectores chavistas como entre los partidarios de la líder opositora María Corina Machado, una hostilidad que el empresario intenta contrarrestar con múltiples páginas web que ensalzan su trayectoria y, según el reportaje, con una red de bots que lo defienden en redes sociales.
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Fuente: El País